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Actualidad
Opinión profesional

28/10/2026

Certificado energético de la vivienda: obligatorio, pero ¿realmente importante para el comprador?

Por Alfred van Krimpen, presidente de GIPE

Desde el pasado 23 de julio está en vigor una reforma de la normativa sobre certificación energética de los edificios (Real Decreto 659/2025), con nuevas medidas destinadas a reforzar la fiabilidad de los certificados y ofrecer mayores garantías al consumidor.

Sobre el papel, parece lógico. El certificado energético es obligatorio para vender o alquilar una vivienda y debería aportar una información importante: cuánta energía consume aproximadamente el inmueble y qué podemos esperar de sus costes energéticos.

Sin embargo, mi impresión después de muchos años en el sector inmobiliario es que, a día de hoy, las administraciones parecen dar bastante más importancia a la calificación energética que el propio mercado.

Y no se trata solamente del comprador español

Resulta curioso comprobar que muchos compradores procedentes del norte de Europa, donde la eficiencia energética sí puede tener un peso considerable en la elección y valoración de una vivienda, cuando compran en España parecen darle bastante menos importancia. Aquí vuelven a mandar la ubicación, el precio, las vistas, la terraza, la piscina o la cercanía al mar.

Es como si al comprar una vivienda bajo el sol español también cambiaran, en parte, los criterios de compra.

Tenemos un parque inmobiliario complicado y poco eficiente

Una explicación puede encontrarse en la antigüedad de buena parte de nuestro parque inmobiliario. Existen muchísimos edificios construidos cuando apenas se hablaba de aislamiento térmico, eficiencia energética, placas solares o ventanas de altas prestaciones.

Incluso encontramos edificios que todavía no tienen al día inspecciones obligatorias como la ITE. Las normas existen, pero los ayuntamientos tampoco siempre disponen de suficientes medios e inspectores para controlar su cumplimiento.

En ese contexto, una vivienda con calificación energética E, F o G todavía se percibe muchas veces como algo bastante normal y no necesariamente como un motivo para no comprarla.

Curiosamente, tampoco se vende mucho la “A” en obra nueva

La otra cara de la moneda son las promociones de obra nueva. Actualmente muchas se comercializan con calificación energética A, mejores aislamientos, aerotermia, placas solares y sistemas mucho más eficientes.

Pero incluso aquí sorprende que muchos promotores no conviertan esa calificación A en uno de sus principales argumentos de venta.

Se destaca el diseño, la piscina infinity, las zonas comunes, las vistas o la cocina de última generación, mientras que la eficiencia energética aparece muchas veces como una característica técnica más.

Quizás eso también demuestra que el propio sector todavía considera que una buena letra energética vende menos que una buena terraza.

El certificado debería hablar también de euros

Posiblemente hemos presentado durante demasiado tiempo el certificado energético como una obligación administrativa y demasiado poco como una herramienta útil para tomar una decisión de compra.

Una letra por sí sola dice relativamente poco al consumidor. Sería mucho más interesante que el comprador entendiera de manera sencilla qué diferencia económica puede existir entre vivir en una vivienda A y hacerlo en una E, y qué inversiones serían necesarias para mejorar esta última.

Ahí probablemente empezaría a cambiar la percepción.

Y ahora también el amianto en Cataluña

Cataluña ha dado recientemente otro paso con la Ley 8/2026 de erradicación del amianto, introduciendo nuevas obligaciones de información sobre la presencia o ausencia de amianto en operaciones de venta y alquiler.

Es una evolución lógica desde el punto de vista de la salud, la seguridad y la transparencia, pero también anticipa hacia dónde se dirige el mercado: cada vez habrá más información técnica acompañando a una operación inmobiliaria.

No me parece mal. Todo lo contrario.

Pero el verdadero reto no consiste en acumular certificados y documentos para poder firmar una compraventa. Consiste en conseguir que esa información tenga valor real para quien compra una vivienda.

Porque mientras una calificación A siga teniendo menos protagonismo comercial que las vistas, la piscina o una bonita terraza, tendremos que reconocer que, al menos por ahora, la normativa energética va bastante por delante del consumidor y quizás también del propio sector inmobiliario.